22 dic. 2012

La ciudad por Mario Levrero



Mario Levrero nació en Montevideo, Uruguay en 1940 y murió en el 2004. Fue fotógrafo, librero, guionista de cómics, humorista y redactor jefe de revistas de ingenio. Publicó las novelas: La ciudad (1970), París (1980), El lugar (1984), Dejen todo en mis manos (1994), El alma de Gardel (1996) y El discurso vacío (1996). Al morir dejó inédita su última obra, La novela luminosa.
También publicó libros de cuentos y diversos relatos para una columna periodística entre 1996 y 1998.

Estuvo a cargo de diversos talleres de escritura incluyendo el taller virtual Letras Virtuales que acutalmente dirige Gabriela Onetto.

Levrero fué uno de nuestros mejores y más prolíficos escritores poco conocidos en Uruguay hasta después de su muerte.
 La revista argentina “El Péndulo” lo definió como “uno de los maestros rioplatenses del relato inclasificable”. Su literatura suele compararse con autores identificados como “raros” si hablamos de Kafka, Felisberto Hernández, Melville (el de Bartleby), Boris Vian y Lewis Carroll.

“En el proceso de creación de mis textos, no existe una planificación consciente o voluntaria, sino que escribo tratando de prestar atención a lo que surge; la voluntad la aplico en la etapa de corrección.”

La narrativa de Mario Levrero no puede encasillarse en el género fantastico ni en el de ciencia ficción.
Los extraños mundos de sus relatos están contados en primera persona, con un lenguaje claro, absolutamente sencillo y con un estilo directo, lo que hace que el lector se sienta atrapado desde el inicio, para luego empatizar con el protagonista sin haberse dado cuenta.
Unos mundos donde el tiempo y el espacio empiezan a sufrir desconexión, manejados a antojo del autor, metamorfoseandose inquietantemente.

La primera novela que leí de Levrero fué El discurso vacío y honestamente no me gustó, no la entendí y me cerré a leer algo más de él. Pero con el tiempo me inquietaba que todo el mundo elogiara su obra y dijeran lo fantástico que era... y yo sin entenderla.
Un amigo librero me convenció de darle una nueva oportunidad y me recomendó éste libro.
Cuando lo empecé no pude sacarle los ojos de encima. Me atrapó y me sumergí en él hasta que lo terminé en dos días.

El personaje sin nombre en un lugar sin nombre, que se va dejando llevar sin tomar ninguna decisión, siguiendo el curso de las cosas. Sale en busca de querosene una noche de lluvia y termina perdido en la carretera, donde lo levanta un camión y él le pide que lo lleve a algún lugar. El camionero va a compañado por una mujer, y al amanecer los hace bajarse en medio de la nada , acusandolo de querer propasarse con ella. El paisaje sin nada más que unos árboles perdidos, sin autos que circulen, más el calor del sol, la humedad y el cansancio son determinates en el ánimo del personaje, sin voluntad aparente, para hacerle caso a la mujer y tomar un camino que surge sin pensarlo siquiera.

Veo allá lejos una ciudad, es a la que te refieres?
Es posible, pero no comprendo cómo puedes avistar allá una ciudad, pues yo sólo veo algo desde que me lo indicaste, y nada más que algunos contornos imprecisos en la niebla.” Kafka

Como salido de la nada, se encuentra con una estación de servicio y un pueblo, donde no circulan vehículos y debe haber unas cinco personas, más una tienda repleta de articulos llamativos y un dependiente que juega con autitos de juguete. También hay un bar y una zapateria que no la atiende nadie y uno puede entrar, tomar los zapatos que necesite y pagar algún día.
Llegados a éste punto de la novela (que no estoy contando tal cual), la realidad se nos empieza a distorsionar. Empezamos a sentir la opresión del protagonista y no sentimos asfixiados por esa falta de decisión. Los acontecimientos se suceden sin poder evitarlos. Todo se vuelve caótico y fantástico, con situaciones absurdas que rayan el límite de la cordura.

“-¡Basta!-grité-. No quiero escuchar una palabra más. Esa es mi historia y no la tuya. Donde sigas hablando te dejaré sola.
-Yo no miento-murmuró. Luego siguió hablando-. Sucede que ves las cosas desde tu punto de vista, y cuando crees que algo es de una manera determinada no puedes admitir que, en la realidad, pueda ser de otro modo.-”

Para más adelante revelarnos sus temores: "Fue en ese momento que descubrí el temor que me dominaba. Cuánto tiempo hacía que vivia preocupado por lo imprevisto? Quizás desde que salí de la casa, en busca del almacén; quizás desde mucho tiempo atrás, o desde siempre. Pero recién allí, y en ese momento, palpé clara, conciente, casi diría objetivamente, ese temor que habitaba en mí en forma subterránea. Lo palpé como a un objeto grande que topara en la oscuridad de un cuarto cerrado; pero me resultaba un objeto familiar, como un ropero; en el momento no pensé tantas cosas y me limité a reconocerlo y sorprenderme.”

Y lo mejor de todo es que cuando termine de leerla, sentí que mi mente había quedado en pausa, sumergida en ese mundo que no parecia real, pero que bien podría estar en mi interior y no saberlo.