26 mar. 2013

La nieta del señor Linh, Philippe Claudel



Cuando nos encontramos en un país que no es el nuestro y con un idioma distinto, nos sentimos solos.

Buscamos algo a lo que aferrarnos, algún lugar o a alguien que se convierta en "nuestro", para así sentirnos en "casa" y de alguna forma mantener nuestra identidad.

Y cuando lo logramos, por más pequeño que sea el lugar o la persona que nos hace sentir “como en casa”, cuando sentimos esa calidez interna, es ahí que volvemos a sentirnos completos.

“...cuando inspira no percibe nada. Está claro que aquel país no huele a nada, a nada familiar o agradable. Sin embargo, el mar no está lejos.(...)Pero, por más que inspira, cierra los ojos y vuelve a inspirar, no consigue precibir el olor del mar, esa mezcla de humedad, salitre y pesacado abandonado al sol,...”



“Cuando el señor Bark habla, el señor Linh lo mira y escucha con mucha atención, como si lo comprendiera todo y no quisiera perderse nada del sentido de sus palabras. Lo que comprende el anciano es que el tono del señor Bark trasluce tristeza, una profunda melancolía, una especie de herida que la voz subraya, acompaña más allá de las palabras y el lenguaje, algo que la recorre como la savia recorre el árbol sin ser vista.”