21 jul. 2013

Lo bello y lo triste por Yasunari Kawabata

Cada libro nos deja una huella y sensaciones diferentes.
Visualizamos los paisajes con las descripciones de Cormac McCarthy, sentimos la risa y el dolor con Milan Kundera y hasta llegamos a oler con José Saramago.
Kawabata llenó mi imaginación de imágenes hermosas con colores vívos como el púrpura, el rojo, el verde y el carmesí de las puestas de sol y de los jardínes orientales como El Templo del Musgo y el Pabellón de Plata. En contraposición dejó una huella perceptible de soledad en toda esa belleza.

"El fulgor rojizo se elvaba a gran altura sobre el horizonte. Los cálidos tonos purpúreos sugerían la presencia de alguna sutil capa nubosa. Las puestas de sol púrpuras eran muy poco habituales. Las gradaciones de color del oscuro al claro eran tan delicadas como si se las hubiera logrado pasando un ancho pincel sobre un papel de arroz mojado. La suavidad de aquel púrpura anunciaba la llegada de la primavera. en un sector la bruma era rosa. Allí debía de estar ocultándose el sol".

Los paisajes son pintados con pincel y  palabras de forma magistral hasta hacernos sentir el aroma de las flores. Las campanas de los templos de Kioto que suenan cada fin de año, y que el personaje de Oki viaja para escuchar, son un claro símbolo de ésta soledad. Cuando suenan todo calla, nada se escucha más que sus 108 sones y luego un gran silencio.

Kawabata define su obra como un intento de hallar la armoría ente el hombre, la naturaleza y el vacío.
Su percepción de la belleza la describe con ésta imágen: 
“Al día siguiente ascendieron hasta el templo del Monte Kumara y llegaron allí hacia el atardecer. Los fieles se congregaban en el predio del templo. El tardío crepúsculo de un largo día de mayo desdibujaba ya los picos y los bosques vecinos. La luna llena asomaba por sobre las Colinas Orientales, más allá de Kyoto. A izquierda y derecha del recinto central del templo ardían grandes hogueras. Los sacerdotes habían salido y comenzaban a entonar los sutras. El sacerdote principal, que llevaba vestiduras escarlatas, entonaba las palabras, repetidas luego por los demás. Los acompañaba un armonio. (…) Justo enfrente del recinto central se había instalado un gigantesco cuenco de sake, que contenía agua, en la cual se reflejaba la luna. Los fieles iban desfilando para que se vertiera agua de ese cuenco en sus palmas ahuecadas. Después de hacer una reverencia, la bebían. Otoko y Keiko hicieron lo mismo”
 
El alma femenina es analizada de manera minuciosa por el autor. Los sentimientos de las diferentes mujeres que tiene como nexo al personaje de  Oki son expresados y desgranados hasta las lágrimas. En cambio a los personajes masculinos los muestra incapaces de comprender éstos sentimientos.

"-Ahora siento tu perfume.
-Mi perfume?
-El olor a mujer.
-Si?Es por el calor...Lo siento.
-No se trata de eso. Me refiero al aroma agradable de la mujer.
Se refería al aroma que surge naturalmente de la piel de una mujer que yace en brazos de un amante. Toda mujer lo tiene, hasta las adolescentes. No sólo excita al hombre sino que le da confianza y lo gratifica. La disposición de una mujer a entregarse parece emanar de todo su cuerpo."


Es una obra deliciosa para los sentidos y el alma, una búsqueda de la belleza constante por parte del autor.

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899. Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968. Muchas de sus obras están marcadas por la soledad y el erotismo.